El Arte de Tropezar: Educación en el arte

El arte es el camino de rutas incorrectas. Sus procesos son inciertos y sus materialidades, a veces, extrañas.  Por lo tanto, el error es una de las herramientas o valores que más nos pueden aportar a la hora de desarrollar nuestros proyectos. Sin embargo, tenemos un miedo profundo al error, y eso hace que no lo aceptemos como lo que es, un gran conocimiento.

La mayoria de las instituciones del conocimiento, como talleres, diplomados o escuelas de arte, saben de ese miedo, saben que quienes desean aprender quieren hacerlo evitando el error y el largo camino del aprendizaje para poder crear y producir proyectos impactantes y populares en el menor tiempo posible. Hoy día hay una variante considerable entre espacios educativos del arte: unos buscan potenciar las posibilidades artísticas de cada individuo; y otros que ofrecen fórmulas o metodologías precisas para lograr resultados comprobables.

Bloqueo creativo y educativo

Si partimos de esta premisa, entonces, cuando hablamos de bloqueo creativo, estaríamos hablando más bien de un miedo a lo desconocido y al error.  Un seminario, un taller de desarrollo de proyectos artísticos debería estar enfocado en este problema, es decir, en como afrontar como individuo ese miedo al error y a experimentar profundo con lo extraño. Pareciera que la educación formal estimula más bien lo contrario: el miedo al error.  Y lo hacen estructurando su plan educativo en el estudio del pasado perfecto, es decir, en el estudio de referentes idealizados a los cuales hay que seguir.

En mi experiencia como docente, mi trabajo en los últimos años se ha dedicado no tanto a diseñar rutas para crear, sino a desmontar estructuras de creación que nos han sido impuestas desde la educación básica. Un desmontaje que ha resultado un territorio nutrido de posibilidades y experiencias, es decir, no es un desmontaje de confrontación para cambiar una cosa por otra, sino una desestructuración que, partiendo de sus mismos escombros nos permite armar, según los intereses e intenciones de cada quien, rutas creativas, procesos reflexivos y materialidades artísticas.

El primer miedo por superar aquí sería cuestionar las bases de la historia del arte.

Pedagogía en las artes

De todo esto es que considero que proponer pedagogías en el arte es en sí mismo un proyecto artístico. Pues se inicia con la problematización de los programas existentes, sus alcances, sus procesos, y sus consecuencias. Por ejemplo: Si se propone desde una estructura extríctamente académica, las consecuencias serán artistas disciplinados y estandarizados.  Si se proponen desde el uso de técnicas específicas, tendremos magnificos replicadores, registradores y hacedores de materialidades sin potencia. Si se propone una escuela única de pensamiento, entonces tendremos sacos de conceptos inasibles e insensibles.

Nos es fácil, por lo tanto, encarar un programa de creación. Cuando he trabajado para instituciones públicas y privadas elaborando planes educativos completos y de cátedras específicas , brota inmediatamente la resistencia, no sólo en las instituciones, que es evidente por temas de poder y burocracia, sino lo sospechoso es que hay un grupo de creadores que les incomoda que la educación no sea un listado de fórmulas que hay que resolver, les molesta que no se genere un cuadro de honor que premie a los mejores resolviendo estas fórmulas y protestan para que las insituciones exhiban sus obras como trofeo.

La educación en las artes es más complejo que eso. De ahí que la ubico más como un proyecto artístico híbrido de intercambio. Y un proyecto de estas características busca diversidad, experimenta con las ideas, juega con los materiales y entrecruza conocimientos. De ahí que lo más cercano podría ser un programa educativo que se vaya retroalimentando y modificando en su desarrollo y esto requiere escucha entre maestro y alumnos. Que no es la imposición sino el intercambio de conocimiento y experiencias, que el programa es tan sólo un punto de partida flexible y atento. Es decir, un camino minado de errores, de incomodidades y extrañezas que requieren coraje y compañía para seguir adelante.