Venezuela: Una nueva oportunidad para ser opositor
Hoy que comienza oficialmente la campaña política en Venezuela, y sintiendo de cerca lo que se vive en México, donde vivo desde hace más de 10 años, y Argentina, que son los países que de alguna forma constituyen las manifestaciones del devenir político de los próximos años en América latina, me apremia apoyar y acompañar el cambio en Venezuela.
Me es difícil entrar en las casillas de izquierda o derecha, tan adoctrinantes, simplistas y anacrónicas. Mi problema no está en las diferencias de pensamiento, sino en aquello que nos oprime, que se nos impone y nos estandariza, es decir, el poder. Es a él a quien confrontamos, venga de donde venga.
En Latinoamérica hemos sido dolientes del implacable ejercicio del poder desde todas las ideologías. A mi modo de ver, la pelea es desde lo social y humano, pero no un tipo de humano, sino desde su compleja diversidad, lo que quiere decir que las cosas nunca van a estar completamente bien, ni mal. Las luchas sociales se determinan en cada contexto en particular, no hay una lucha global. Eso es parte del desastre: Globalizar el poder, pero también globalizar las necesidades y los desarrollos sociales y culturales.
En particular las necesidades de cambio en Venezuela son muy diferentes a las de México. De ahí que la anexión automática a una corriente ideológica es narcisista, enceguecedora y colonizadora. Sí, pues este automatismo parte del idea que todo planteamiento político es igual para todos y además debe imponerse.
Mi deseo es que Venezuela deje atrás 25 años de destrucción de su tejido social, identitario, cultural y económico que ha sucedido bajo la complicidad de los amigos ideológicos del continente y del mundo, que se impuso bajo la promesa de cambio y bienestar y terminó siendo un ejercicio del poder violento, corrupto y excluyente. Que cerca de 8 millones de personas hayan dejado un país es un síntoma muy revelador. No hay argumento político que lo pueda ocultar.
¿Este apoyo a un cambio responde a una posición de izquierda o de derecha? Pues no, responde a la urgente necesidad de que los venezolanos puedan decidir y reconstruir sus lazos culturales y sociales, que su territorio vuelva a ser un lugar para quedarse y desarrollarse, como lo hicieron los inmigrantes italianos, españoles, portugueses, ucranianos, alemanes, colombianos, argentinos, chilenos, peruanos y los propios venezolanos y no un territorio de miedo del que hay que huir tan pronto se pueda, como hicimos 8 millones. También responde a querer un país de oportunidades para todos, desde el bienestar y posibilidades sociales y económicas. Mi deseo es que sea un territorio de oportunidades para los jóvenes de todas las condiciones, que no tengan que dejar todo atrás, sobre todo el sentido de pertenencia, para ir a buscarlo en otros territorios, algo que no sucederá, por más bien que nos pueda ir a otros países. Con esto no reniego de la migración, por el contrario, es valorarla en su justa medida, como ese fluir humano con el mundo tan necesario donde se intercambia conocimiento y experiencias, pero una cosa es migrar por obligación y otra por decisión.
Y ahora tenemos la tensa y frágil oportunidad de que haya un nuevo gobierno. Un poder al que confrontaremos y criticaremos, pero sin el miedo a ser asesinado o encarcelado. Un nuevo gobierno para poder luchar por un estado de bienestar colectivo e individual y dentro de la diversidad. Un nuevo gobierno para disentir y fomentar el pensamiento crítico. Un nuevo gobierno para ser opositor y no enemigo.



