Sebastião Salgado, Podcast Pensar la imagen

El anacrónico Salgado

Cada tanto vuelven a aparecer mediáticamente algunos fotógrafos, de esos que forman parte del altar de la historia de la fotografía a declarar sobre las dificultades que se les presentan para entender lo que sucede con la fotografía como tecnología y como medio. Y es natural, siempre pensamos que nuestro tiempo fue mejor. Pero no es solo eso. detrás de esas declaraciones existe una trama de ego y poder que no quiere ser perdido, o un reconocimiento que no quiere perderse en el olvido.

Desde los años veinte del siglo pasado quedo precisado para los fotógrafos, que una buena fotografía o un buen fotógrafo era aquel capaz de llevar la técnica a su máxima expresión, pero especialmente, capturar una realidad o una esencia única y poderosa.  Ambos enunciados han sido desmontados por varios autores a lo largo de los últimos años. De hecho, platicamos un poco de esto en el capítulo 13 del #Podcastpensarlaimagen, aquí se los comparto.


Sin embargo, pese a tantos pensamientos y teorías, en este 2023, aparece nuevamente uno de los fotógrafos más dogmáticos del siglo XX, Sebastiao Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944) y nos dice que "Los fotógrafos tienen una "preocupación por mostrar la realidad" y ser "espejo y memoria de la sociedad" (El Universal,2023). Diferenciandolo de esa especie extraña de seres humanos que usan sus cámaras móviles para fotografíar todo lo que sucede a su alrededor.

Salgado intenta desmarcar un tipo de fotografía realizado con equipos profesionales, con un trabajo de investigación e impreso, de aquella fotografía virtual de móviles que se cuenta por millones por segundo. "tomar instantáneas con teléfono móvil "no es fotografía", sino utilizar "un sistema de comunicación por imágenes" (El Universal,2023).

No podemos sino estar de acuerdo en que hay una diferencia. Pero no en el sentido que marca Salgado. A mi modo de ver, pasamos de una disciplina que era elitista, fetichista, que requería de un conocimiento técnico preciso, a una indisciplina, que no se rige por reglas, donde la imagen es un lenguaje común e intercambiable, que no requiere un conocimiento técnico, pues la tecnología lo absorvió y lo ha devuelto masticado y digerido para que cualquier ser humano, incluso sin humanos, con una cámara tome fotos. Es decir, se ha democratizado el hecho de hacer imágenes que representan el mundo. Ya no lo representan un conjunto de fotógrafos autodenominados poseedores de la verdad y la realidad, sino que es representado cada segundo por personas que cuentan su verdad y realidad particular.

Este gesto en la realización de imágenes de nuestro tiempo nos ha ayudado a entender la diversidad multicultural del mundo y no esa suerte de estandarización de las culturas que la fotografía del siglo XX, con su mirada y gestualidad colonial, acuñó como estrategia narcisista y que podemos ver en el trabajo de Salgado. Por ejemplo, en su trabajo "Génesis", da lo mismo ver a un paisaje en América del sur, que en África o en "Éxodo", ver filas de seres humanos en un montaña del cercano oriente que en la India. Sus fotografías aplanan a las comunidades y en muchos casos las espectaculariza, todo en función de "una buena fotografía"

Hay que decir también, que esta fotografía extendida de nuestro tiempo, también va rumbo a una estandarización, pero no por el aparato fotográfico, sino por los dispositivos de distribución como Tik tok o Instagram, que estimulan la estandarización estética y discursiva de todos sus usuarios.

En todo caso, no creo que la fotografía ni del siglo XX y ni la del siglo XXI se diferencien si le prestamos atención solo al aparato o a la técnica, pues salvo algunas automatizaciones, su programación es la misma. El cambio o la ruptura con un modo de representar al mundo con la fotografía sucede en lo profundo, y entre otros valores, está el problematizar el poder de la fotografía y desvincularla de los espacios hegemónicos de poder, que se manifiestan en estéticas, tendencias temáticas e ideológicas, entre otros.

 


Proyecto Amazonas de Marcel del Castillo

¿Y si cuestionamos al mundo desde la fragilidad?

En el año 2018, tuve la oportunidad de realizar uno de los viajes que más me han removido: visitar el Amazonas peruano. Luego de cruzar el caótico pueblo de Iquitos, navegamos a través de la densidad del río Amazonas hasta llegar al pueblo de Tamshiyacu, donde, luego de una extensa caminata por sus calles y acercamientos a la comunidad, iniciamos una corta travesía por la selva hasta asentarnos en medio de ella en una casa rural de madera, rodeada de inmensos árboles y sonoros arroyos, en los que más adelante nos bañaríamos. Fueron días de intensa desconexión con el mundo real, que provocaron en mi una profunda agitación y un cuestionar mi relación con el mundo y la práctica artística.

Desde allá: el Amazonas

Proyecto Amazonas de Marcel del Castillo
Proyecto Amazonas de Marcel del Castillo

¿Qué impacto tiene confrontarse con la inmensidad de la naturaleza? ¿Qué sensaciones, emociones y pensamientos se despiertan al estar frente a un paisaje tan potente y diverso? ¿Qué aprendizajes y desafíos se derivan de este encuentro? Tardé semanas en recuperarme de aquel viaje que comenzó como una simple visita turística y que terminó por afectar todos mis pensamientos. En su fenomenología de la percepción, Maurice Merleau-Ponty nos alerta con "la verdadera filosofía consiste en aprender a ver de nuevo al mundo"

¿Y si cuestionamos al mundo desde la fragilidad?  ¿La fragilidad exógena y endógena al cuerpo?

Hacia afuera del cuerpo pude acercarme a la fragilidad de sus ecosistemas, amenazados por la deforestación, la contaminación, el cambio climático, la minería y agricultura ilegal producto de la avaricia corporativa y del virus de nuestros sistemas socioeconómicos. La fragilidad de sus especies, sometidas a la destrucción de sus hábitats y sus rutinas salvajes. La fragilidad de sus pobladores, que sufren la precariedad, la violencia y la discriminación. La fragilidad de nuestro mundo frente a la cultura de la explotación de los recursos hasta su desaparición.

El filósofo español José Carvajal Sánchez nos comparte unos datos punzantes "El índice Planeta vivo advierte cómo el mundo está experimentando una dramática pérdida de biodiversidad. Las tasas de deforestación anual son de unos 13 millones de hectáreas. El planeta ha perdido también un 40 % de los arrecifes de coral de aguas cálidas desde los años ochenta. La pérdida de biodiversidad tiene efectos negativos sobre los medios de subsistencia, el abastecimiento de agua, la seguridad alimentaria y la resiliencia a los desastres ambientales" (Carvajal Sánchez, José, 2015)

Con estos datos, Carvajal no duda en afirmar que "El descubrimiento ecológico más importante de los últimos tiempos es que el mundo, y más concretamente la naturaleza, es mucho más frágil de lo que se pensaba." (Carvajal Sánchez, José, 2015)

Da la sensación de que el mundo se está marchitando y solo parece percibirse si nos acercamos al centro de uno de sus órganos aún vivos: La selva del Amazonas.

Desde aquí: Mi propio cuerpo

Proyecto Amazonas de Marcel del Castillo
Proyecto Amazonas de Marcel del Castillo

Y, por supuesto, la fragilidad que más nos afecta, que es nuestra propia fragilidad, como seres finitos e irrepetibles, que sólo cuando entendemos lo sutil, efímero y pequeño que resulta para el planeta la presencia de nuestro cuerpo, asumimos esa fragilidad propia de nuestra existencia. Somos vulnerables y tenemos una inmensa capacidad de ser afectados, pues "Los cuerpos humanos son cuerpos porosos, son cuerpos vulnerables, son cuerpos abiertos al exterior"(Joan-Carles Mèlich,2023) 

Pero qué significa esa fragilidad, o qué consecuencias puede traer. Si entendemos al mundo como un lugar frágil, la consecuencia lógica es el rompimiento: La posibilidad de quebrarnos frente a las potencias devoradoras del mundo. "El ser humano es un ser finito, y finitud no significa solamente saber que nos vamos a morir, sino que la vida no tiene un manuel de instrucciones"(Joan-Carles Mèlich,2023). Nuestras batallas vienen sin instrucciones: El ser padres, amigos, artístas, parejas, colegas, en fin, el construirnos en este mundo no puede partir sino desde el territorio de la incertidumbre.  Así nos empecinemos en la búsqueda imposible de certezas. El dolor, la ausencia y el error, nos esperan.

Tomar consciencia de las fronteras de nuestro cuerpo y de la inestabilidad de nuestras pisadas, nos hace vulnerables, pero también potentes, en el sentido de comprender a nuestra imaginación, no solamente como ese lugar de locura y ensoñación, sino como el único vehículo que tiene la capacidad de traspasar nuestro limitado horizonte, para ver, pensar y vivir varios mundos. ¿Será que ahí acontece la potencia del artista, de entender la imaginación como la única herramienta de explorar el áspero mundo más allá de nosotros, más allá de nuestra fragilidad?

Lo que nos une

Por otro lado, creo que asumir nuestra vulnerabilidad es una ruta para entender que somos seres sociales y no solo individuos, pues nos atraviesa a todos esa, siempre inminente, amenaza del rompimiento y la desaparición. Ahí está el vínculo de lo humano. "No hay un yo sin circunstancia, sin relaciones"(Joan-Carles Mèlich,2023) 

Estos acercamientos a la fragilidad, en mi caso particular, detonó cambios en la manera de asumirme frente al mundo y cómo mi práctica artística se relaciona con el mundo y los otros: desde la imaginación y la consciencia del rompimiento.

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Carvajal Sánchez, José (2015) FRAGILIDAD DEL MUNDO, VULNERABILIDAD HUMANA. EL «CUIDADO DEL MUNDO Y EL ARTE DE VIVIR JUNTOS»

Mèlich, Joan-Carles (2023) El Café del Observatorio Social | La fragilidad: ¿Qué es la fragilidad?. https://www.youtube.com/watch?v=-ZiL9i0U34s&t=59s


Sociedad de los poestas muertos, Podcast Pensar la imagen

La sociedad de los poetas muertos. La indisciplina como arte

¿Qué significa ser indisciplinado en las artes? ¿Es acaso la romantización del caos, una rebeldía sin sentido, una forma de escapar de la realidad? O quizás, ¿es una manera de expresar la propia voz o de cuestionar lo establecido?

El filósofo y semiólogo argentino Walter Mignolo, uno de los fundadores del pensamiento decolonial latinoamericano, nos ofrece una posible respuesta. A partir de sus planteamientos podemos entender la indisciplina en las artes como una forma de resistir al colonialismo cultural, es decir, al dominio de una cultura sobre otras, que impone sus valores, sus normas, sus estéticas y sus saberes. Una actitud contrainductiva puede ser una forma de desafiar el conocimiento hegemónico, que se considera el centro y el modelo de la civilización, y de reivindicar la diversidad y la pluralidad de las formas de conocimiento y de expresión. La indisciplina en las artes es una forma de pensar desde el borde, desde la frontera o el margen, ponerle atención a otras cosas, evadir el espectáculo, reconocer nuestro lugar de enunciación y aventurarnos a caminar por los lugares donde se encuentran y se entrecruzan las culturas, las lenguas, las identidades y las historias. La indisciplina en las artes es una forma de practicar la desobediencia epistémica, que consiste en cuestionar las categorías y los conceptos que nos han sido impuestos desde que cruzamos la puerta del maternal, y de buscar otras formas de entender y de interpretar el mundo.

Hay una película que ví a mis 15 años con la que inmediatamente me identifiqué y que me ha perseguido desde entonces. Se trata de La sociedad de los poetas muertos, dirigida por Peter Weir en 1989. En esta película, ambientada en 1959 en una prestigiosa y conservadora academia de Vermont, Estados Unidos, el profesor de literatura John Keating, interpretado por Robin Williams, inspira a sus alumnos a romper con la tradición, el honor, la disciplina y la excelencia que rigen la escuela, y a seguir su propio camino, sus propios sueños, su propia poesía. Keating les enseña a sus alumnos a aprovechar el día (carpe diem), a subirse al escritorio para ver el mundo desde otra perspectiva, a arrancar las páginas de un libro que pretende medir la poesía con una fórmula matemática, a llamarle "Oh, capitán, mi capitán", en alusión a un poema de Walt Whitman dedicado a Abraham Lincoln, a relacionar el deporte con la poesía, y a escribir sus propios versos. Keating también les revela que en su época de estudiante formó parte de la Sociedad de los Poetas Muertos, un grupo secreto que se reunía en una cueva para leer y recitar poesía. Los alumnos, fascinados por la idea, deciden reanudar la sociedad y se escapan por las noches a la cueva, donde leen a autores como Whitman, Thoreau, Frost, Shakespeare, y también crean sus propias obras.

La indisciplina en las artes que practican Keating y sus alumnos tiene sus inevitables consecuencias. Por un lado, los alumnos toman consciencia de lo que son y sus intereses, se atreven a pensar por sí mismos, toman el riesgo de expresar sus emociones y de actuar. Por otro lado, se enfrentan al rechazo, a la incomprensión, a la presión, a la censura, e incluso a la tragedia. La película muestra cómo la indisciplina en las artes puede ser un arma punzante, que puede molestar, que puede abrir o cerrar puertas, que puede generar admiración o repulsión.

¿Cómo podemos entonces poner en práctica la indisciplina en el arte? ¿Tendremos el valor de resistir el rechazo y las impugnaciones hacia nuestras ideas?¿Cómo podemos encontrar el equilibrio entre la creatividad y la responsabilidad, entre la libertad y el respeto, entre la ruptura y la tradición? ¿Cómo podemos ser artistas que cuestionen el orden establecido, que propongan otras formas de ver y de hacer, que dialoguen con otras culturas y otras épocas, que expresen su propia voz y su propia visión sin ignorar la historia? Estas son algunas de las preguntas que nos plantea la película, y que nos invitan a reflexionar sobre las posibilidades de ser artista y espectador.

La indisciplina requiere de coraje, ir a contravía de lo popular o el conocimiento hegemómico, es un pensamiento y una lucha política, que en el arte se expresa mediante otras materialidades, otras formas y otras perspectivas de todo lo que nos rodea y afecta.


Podcast pensar la imagen, personas altamente sensibles, artistas

El arte de ser sensible

¿Te has sentido alguna vez diferente, incomprendido, fuera de lugar o el freak del grupo o de los encuentros sociales? ¿Te afectan mucho las emociones, las críticas, los ruidos, las luces, los olores? ¿Te conmueves fácilmente con el arte, la naturaleza, la música, la literatura?  Pues ya tenemos algo en común, igual que el 15 o 20% de la población del mundo. A esta alta sensibilidad se le ha denominado desde hace unas décadas personas PAS (personas altamente sensibles)

Según la psicóloga Elaine Aron, autora del libro El don de la sensibilidad, las PAS son aquellas personas que tienen un sistema nervioso más fino y receptivo que el promedio, lo que les hace procesar la información de manera más profunda y detallada. Esto implica que perciben y sienten los estímulos físicos y emocionales con mucha más intensidad que los demás.

En lo personal me llevó muchos año entender y procesar esto, tanto en mis relaciones con la familia, mis parejas o hijos y amigos. Que una mirada, una palabra en un mensaje, la intensidad de una luz, fueran para mi bombas, potencias que me agitaban para bien o para mal, fue por mucho tiempo un gran problema, porque no entendía lo que me pasaba, no entendía porque un gesto de un microsegundo en una persona podía aturdirme de tanta información, como después de estar en una reuión pública y hablar con mucha gente, los días posteriores me sentía aturdido como si hubiera estado en una guerra. Pero también, reconocerme PAS ha sido un gran desafío. Por un lado, según la doctora Aron, las PAS tienen una gran capacidad de empatía, intuición, creatividad, imaginación, reflexión y análisis. Son personas curiosas, observadoras, conscientes y profundas. Por otro lado, las PAS pueden sufrir de estrés, ansiedad, depresión, baja autoestima, aislamiento y sobreestimulación. Son personas vulnerables, perfeccionistas, exigentes y críticas.

Bajo estás características, entonces, ser una PAS también implica tener una especial sensibilidad hacia el arte y la belleza, pues aprecian y disfrutan de manera más viva de estas experiencias, que les aportan placer, sensibilidad y significado, debido a su capacidad para conectar con su mundo interno, rico y complejo, y de transformarlo en obras de arte que expresan su visión particular.

Ser artista en nuestro tiempo no es fácil. Como lo hemos mencionado muchas veces, vivimos en una sociedad que valora más lo material que lo espiritual, que premia más la rapidez que la profundidad, que exige más la comprobado y validado que lo extraño o propositivo. Y ser artista implica ir a contracorriente, enfrentarse a la incomprensión y al rechazo, luchar por defender los propios valores e ideas.

Ser artista implica entonces, ser fiel a uno mismo, aportar algo potente y valioso al mundo, movilizar y emocionar a los demás, encontrar un sentido y una satisfacción en la propia vida. Ser artista es una forma de ser y de estar en el mundo, una forma de sentir y de expresar lo que se siente y piensa.

Si relacionamos a las PAS con las cualidades del arte, entonces las PAS tienen el potencial de ser grandes artistas, pero también tienen el riesgo de perderse en su propia sensibilidad.

Desde la psicología recomiendan a las PAS una serie de herramientas para reconocerse y aprender a como enfrentarse al mundo desde sus sensibles cualidades. Yo las recogo acá, porque me parecen necesarias, también, para quienes desde el arte nos exponemos al mundo desde nuestra vulnerabilidad.

Algunas claves son:

  • Reconocer y aceptar la propia sensibilidad como un don, como una fuente de creatividad.
  • Buscar el equilibrio entre el mundo externo y el mundo interno, entre la acción y la reflexión.
  • Encontrar espacios y momentos de calma, silencio y soledad para recargar las energías.
  • Establecer límites saludables con los demás para evitar el desgaste emocional.
  • Cultivar relaciones personales nutritivas, que nos aporten desde lo humano y sensible.
  • Explorar diferentes formas de expresión artística
  • Disfrutar del proceso creativo sin obsesionarse con el resultado o la opinión ajena.

Los artistas somos personas altamente sensibles por naturaleza. Nuestra sensibilidad nos permite ver más allá de lo evidente, sentir más allá de lo superficial, crear más allá de lo convencional, pero también nos hace más vulnerables frente a un mundo cada vez más áspero.

 


Podcast pensar la imagen

La autoexplotación del artista en el corporativismo cultural

 La práctica artística

Hace algunos años escribiendo el texto del proyecto Mérida, Atrapada en el tiempo que se concentraba en la comunidad andino merideña en Venezuela para revelar un manejo del tiempo que me parecía particular, diferente al de otras ciudades, la curadora Lorena González me entrevistaba para desarrollar su texto y nos detuvimos en el término CARRERA . Nos preguntamos casi al unísono, ¿Porqué se le llama carrera al desarrollo de una profesión, de un artista, de los estudios.? ¿Cuándo se definió que hacer algo era una Carrera? Una carrera contra quién, contra semejantes, contra el tiempo, contra uno mismo. ¿De verdad deberíamos correr en la prácticas de nuestras artes?

"Ofertas infinitas de algo ajeno y difuso que hay que perseguir, lograr, encontrar, para trazar finalmente el desarrollo angustiante de una CARRERA desenfrenada, que todos de alguna manera emprendemos, en un tiempo tan voraz como ficticio" [1] Así lo dibujó Lorena en palabras que presentaron la exposición de aquel trabajo. Así quedaba evidencia de una preocupación que aún no conseguía respuestas.

Ha sido desafortunada la búsqueda a lo largo de los años de alguna bibliografía que me relacionara el término carrera con la práctica profesional, más allá de la definiciones positivistas de la enciclopedia y el diccionario:  "Conjunto de estudios, generalmente universitarios, que habilitan para el ejercicio de una profesión. Profesión o actividad que exige una formación académica previa y, generalmente, la superación de un concurso público para acceder a aquella.  Curso profesional de relieve. Ejercicio de una profesión o actividad " [2] según la RAE. O definiciones coloquiales como que la carrera que elegimos está llena de obstáculos por superar, etc. Cosa que no me llevaba a nada, porque bien podemos tomar la concepción Homérica de nuestra vida o práctica profesional como un viaje lleno de obstáculos, que lo es,  pero ¿por qué hacerlo corriendo, ¿por qué debe ser una carrera?

10 años después de aquella tarde caraqueña elucubrando junto a Lorena llega a mi, Byung Chul Han, filósofo Surcoreano radicado en Alemania y su texto La sociedad del cansancio: "La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento." [3] Cuestiona Byung así a la teoría de Foucault . Y sus habitantes son  «sujetos de rendimiento». "emprendedores de si mismos" [4]

El desatado emprededurismo no es más que una carrera entonces. Una carrera de rendimiento. Un maratón de largo aliento, del que no podemos salir, en el que llegaremos al agotamiento extremo y nos sentiremos culpables de no mantener el ritmo de carrera hasta el final de nuestros días. Y en el que los logros no son sostenibles en el tiempo en una “sociedad líquida” [5]. En el mundo contemporáneo nos hemos convertidos los artistas en emprendedores de nosotros mismos, creando, gestionando, promoviendo y produciendo nuestras propias obras, y lo hemos asumido como gesto de libertad. Creemos y queremos poder con todas las facetas de la producción del arte, pero ¿por una necesidad creativa de control?, ¿por una manera de influir y transformar los medios de producción como planteaba Walter Benjamin en “el autor como productor”? o ¿por una necesidad de rendimiento para alcanzar ciertas metas que nos permitan introducirnos en sistemas culturales que cada vez nos piden más y más?. "La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) sin límites. Su plural afirmativo y colectivo «Yes, we can» expresa precisamente su carácter de positividad." [6] Nos enfrentamos a un positivismo autoimpuesto que choca con un "No todo es posible" [7] y que produce una sociedad de depresivos y fracasados como afirma Byung.

Es en ese momento cuando iniciamos nuestra carrera de artistas que nos llenamos de positividad. Es en ese momento que decidimos hacer, hacer, hacer, superar nuestro propio rendimiento que nos agota, porque lo asumimos como una competencia, no sólo con otros, sino con nosotros mismos.  Es en esa carrera cuando nos enfrentamos a obstáculos imposibles donde nos consideramos fracasados en medio de una depresión. Es la carrera, el título profesional, el reconocimiento, el premio del concurso que se otorga en una sociedad absorta en el rendimiento personal.  "El sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo" [8] Debemos crear, exponer, producir y editar libros como si de las multi-temporadas de la industria de la moda se tratara.[9]   Pero ¿quién nos impone ese ritmo? ¿Quién nos obliga a ello? ¿Quién nos dice que debemos tomar y tomar fotos, crear y crear obras,  desarrollar más proyectos para llegar más lejos en el ranking institucional?  ¿Nos abandonamos a la "libertad obligada de maximizar el rendimiento"[10] para sentirnos felices, satisfechos y creernos que somos libres?, Cuando hemos sido atrapados por un sistema de producción que nos ha llevado a la auto explotación. Hemos caído en la hiperactividad igualitaria que genera una masificación de estéticas y formas de hacer arte. Todos terminamos haciendo y creando lo mismo, poco profundo pero extenso en cantidad. Un “aesthlete[11] que concentra la importancia de su trabajo no en lo que expresa, sino a la velocidad que lo expresa.

"El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en auto explotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta auto referencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica." [12]

Como artistas hemos caído en la trampa, llenamos nuestros time lines de Facebook y Twitter de logros y de actividades que hacemos para representar ¿qué? ¿Qué todo lo podemos? ¿Qué vamos ganando la carrera? ¿Qué somos felices con nuestro rendimiento? Nos han convencido que debemos rellenar nuestra hoja de vida de cientos de logros para alcanzar ¿qué?  ¿Qué nuestra auto explotación sea fuente de ingresos crecientes, y sin ningún tipo de obligación, para los que ostentan el poder económico, político y cultural?  ¿Qué hace relevante la obra de un artista? Aquel que tocó un gran tema a profundidad a lo largo de cierto tiempo y produjo un libro y un par de exposiciones, o aquel que hace dos libros y diez exposiciones por año sobre el mismo tema una y otra vez. ¿Cuándo hacemos nuestras biografías resaltamos nuestras preocupaciones e investigaciones sobre los temas que nos interesan o hacemos un listado cuantificable de exposiciones y actividades?  En definitiva qué resaltamos, qué valoramos de este maratón artístico. Las fibras sensibles e investigaciones que pudimos trastocar en un tiempo y espacio determinado o la cantidad de logros que un sistema cultural corporativizado valora y exige por encima de otras cosas.

Es esta carrera, fomentada desde la corporaciones culturales y sus distintas maneras de hacernos creer que está en nosotros, en nuestro rendimiento, en el hacer productivo, la oportunidad de pertenecer a una institución cultural pública o privada corporativizada, que ya tiene sus categorizaciones, intereses y jerarquías definidas para mantener un control sobre lo que es y nos es arte. Como bien afirma David Spurr “el proceso a través del cual una cultura subordina a otra empieza con el acto de dar nombres” [13]. Digamos, categorizar, fragmentar disciplinas.  Pero cuyas intenciones han logrado camuflar muy bien haciéndose ver como iguales ante los artistas o haciendo creer a los artistas que son iguales a ellos, permitiendo un ideal de igualdad entre artista e institución que es ficticio y que anula la crítica. Es decir, en términos de la filosofía de Byung el sistema cultural ha dejado de ser una otredad, extraña, frente a la cual el artista creaba un sistema de defensa inmunológico que lo rechazaba, lo combatía o expulsaba, y que se reflejaba en la búsqueda de espacios alternos y en la crítica y el objeto de ésta, como lo plantea José Luis Brea cuyo “trabajo es generar roces, fricciones, el encuentro intempestivo de lo extraño con lo extraño” [14] , para ser ahora un elemento empático, idéntico, donde  “no tiene sentido fortalecer las defensas del organismo” [15] y lo asimila positivamente. Se asume parte de él.

En fin, nuestro rendimiento artístico no es más que una ilusión de libertad que está subordinada a los conceptos pre establecidos y estandarizados de la producción en línea del sistema cultural. Nos hemos convertido en “Rutineros”, en “abastecedores” [16] en el sentido Benjaminiano de penetrar, convivir  con un sistema pero renunciando a introducir innovaciones y transformaciones para evitar las fricciones que se generan entre un sistema dominante y quienes producen arte.

 

Notas

[1] Texto curatorial del proyecto Mérida Atrapada en el tiempo de Marcel del Castillo, 2008.

[2] Página web de la real Academia Española http://dle.rae.es/?id=7gRETug

[3] [4] [6] [7] [8] [10] [12] [15] Pensamientos fundacionales de la filosofía de Byung Chul Han que desmonta las teorías de Michael Foucault, en el ensayo Más allá de la sociedad disciplinaria en el libro La sociedad del Cansancio ( Herder Editorial,Barcelona 2012)

[5] El término y concepto de sociedad Líquida es establecido por Zygmunt Baumann en varios de sus libros en particular Modernidad líquida.( Fondo de Cultura Económica.Argentina 1999) Y se refiere al cambio de realidades sólidas, palpables, duraderas de los tiempos pasados, a realidades que no logran establecerse, que se desvanecen por un continuo afán de cambio, de novedad de la sociedad actual.

[9] El concepto de Multi temporadas o “poli designed-pluri sourcer-multi shipper” se refiere al cambio significativo que introdujo en la industria de la moda la compañía Inditex (Zara) en la que transformó los ciclos de producción y comercialización de la industria con Colecciones por Temporadas-Estaciones del año, a Colecciones por Temporadas-cada semana, o cada mes.

[11] “aesthlete”, cuya traducción pudiera se Atleta-estético, es un concepto establecido por Brad Troemel en su ensayo Athletics Aesthetics publicado en Mayo de 2013 en The new inquirí (https://thenewinquiry.com/athletic-aesthetics/ ) Donde establece una nueva especie de artistas hiperproductivos producto del flujo de información y visibilidad de las redes sociales.

[13] David Spurr escritor Británico. La frase reseñada está contenida en el libro “La retórica del imperio” (Duke University Press, Londres, 1993)

[14] Texto de José Luís Brea en Ram Critique, La crítica en la era del capitalismo cultural, ensayo del Libro Cultura RAM ( Editorial GEDISA, Barcelona 2007)

[16] Términos usado por Walter Benjamin en su discurso “El autor como productor” (Paris 1934) para referirse a aquellos escritores o artistas que abordaban el proceso técnico de producción de sus obras pero que renunciaba a introducir innovaciones al aparato de producción, dirigidas a volverlos ajenos a la clase dominante.

Foto de Miltiadis Fragkidis en Unsplash

Publicado originalmente el 15 de setiembre de 2017 en la plataforma EspacioGAF


Marcel del Castillo Curador

Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia

La fotografía es un medio que nos permite descubrir las jerarquías políticas que acontecen en nuestros contextos, tanto en el ámbito público como en el privado. Sin embargo, ¿qué sucede cuando estos dos ámbitos se entrecruzan y se confrontan? ¿Qué historias, tensiones y reflexiones emergen de la relación entre el archivo institucional y el archivo familiar?

Este proyecto explora estas preguntas a través de una propuesta documental que trabaja con dos tipos de archivos fotográficos: el archivo público de la Fototeca de Nuevo León, que contiene imágenes de la historia social, política y cultural del estado; y el archivo privado de la familia de los artistas, que registran sus vivencias personales, familiares y afectivas.

La relación donde se conectan el archivo público y el familiar pudiera estar en que ambas, representan la autoridad, el control y la legitimación de una historia oficial, dejando de lado las historias e imágenes que plantean otros derroteros. Ambos archivos construyen relatos políticos que buscan sostener una posición de superioridad, dominación y exclusión. Sin embargo,  el archivo familiar pudiera ser un espacio de resistencia, de diversidad y oposición a los archivos públicos. De ahí que construir una visualidad compartida nos puede dar pistas sobre cuál de las dos manifestaciones acontecen en nuestros archivos privados: Si la representación de una política familiar alineada al poder o de una política de resistencia.

Ya en ese territorio, el rol de la fotografía como documento y como memoria se fractura, y nos mueven a  reflexionar sobre la construcción de la identidad personal y social a través de este medio. Asimismo, ante estas imágenes el espectador es estimulado a participar en un diálogo documental, aportando sus propias experiencias, recuerdos y opiniones sobre el archivo público y la familia.

 

Marcel del Castillo. Curador

Marcel del Castillo Curador
Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia

Artistas:

Camila Torre Zambrano

Regina Solorio

Antonio Medina

Hector De la Cruz

David Barajas

 

Marcel del Castillo Curador
Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia
Marcel del Castillo Curador
Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia
Marcel del Castillo Curador
Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia
Marcel del Castillo Curador
Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia
Marcel del Castillo Curador
Entre lo público y lo privado: Lo político en el archivo y la familia

Ana Teresa Barboza

¿Qué ocultamos cuando nadie nos ve?

El arte muchas veces es refugio y coraza. Es el lugar donde los artistas nos adentramos para remover aspectos que nos perturban, que nos agitan, para luego intentar crear zonas de contacto con los otros, con el afuera, mediado por los objetos o los gestos artísticos. Es decir, muchas veces el punto de partida de la creación es el dolor, la herida, una grieta dentro de nosotros que palpita y nos afecta. Y justo ahí, en esas fracturas, hoy me pregunto  ¿qué pasa cuando nadie nos ve? ¿Quiénes somos realmente cuando estamos solos, sin la mirada de los demás? ¿Cómo nos sentimos cuando nadie nos escucha, nos juzga o nos aplaude?

Estas son algunas de las preguntas que siento que muchos artistas han intentado responder desde sus prácticas y trincheras personales y que los ha movido a crear obras que reflejan sus emociones, pensamientos y deseos profundos y dolorosos. En este sentido hay algunas artistas cuyo trabajo en lo particular, me ha interesado y afectado:

- Ana Teresa Barboza: Es una artista peruana que utiliza el bordado como técnica para crear obras que dialogan con la naturaleza, el cuerpo y las emociones. Su serie “Atlas” es una colección de obras que exponen una autopsia y disección de sus historias afectivas.

Ana Teresa Barboza
Ana Teresa Barboza. ATLAS DE ANATOMÍAS COMPARADAS

- Sophie Calle, una artista francesa que utiliza la fotografía, el video y el texto para documentar sus experiencias personales, como el seguimiento de extraños, la ruptura con su pareja o la muerte de su padre.

Sophie Calle
Sophie Calle. hptel room

- Nan Goldin, una fotógrafa estadounidense que retrata su vida íntima y la de sus amigos, marcada por el amor, el sexo, las drogas y la violencia. Sus obras son crudas, honestas y conmovedoras.

Nan goldin
Nan goldin

- Francesca Woodman, una fotógrafa estadounidense que se suicidó a los 22 años, dejando un legado de imágenes en las que explora su cuerpo, su identidad y su relación con el espacio. Sus obras son poéticas, misteriosas y melancólicas.

Francesca Woodman
Francesca Woodman

- Ana Mendieta, una artista cubana que utilizó su propio cuerpo como medio de expresión y denuncia de la violencia de género, la migración y la identidad cultural. Sus performances, fotografías y esculturas muestran su conexión con la naturaleza y su búsqueda de pertenencia.

Ana Mendieta
Ana Mendieta, Silueta Works in Mexico, 1973–77/1991. Pigmented inkjet prints, four parts, 13 1/4 x 20 inches (33.7 x 50.8 cm); eight parts, 20 x 13 1/4 inches (50.8 x 33.7 cm). Gift of Barbara Lee, The Barbara Lee Collection of Art by Women. Courtesy the Galerie Lelong. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC.

- Tracey Emin, una artista británica que expone su vida privada y sus experiencias traumáticas, como el aborto, el abuso sexual y la depresión, a través de instalaciones, dibujos y textos. Su obra más famosa es "Mi cama", donde muestra su cama desordenada y sucia como una metáfora de su estado emocional.

Tracey Emin
Tracey Emin. Instalación MI CAMA

En estas propuestas artísticas se manifiestan muchos cuestionamientos, pero especialmente es una invitación al espectador a preguntarse sobre si mismo, sobre lo que mostramos y lo que ocultamos, sobre lo que somos y lo que queremos ser. Como dijo el filósofo Jean-Paul Sartre: "El infierno son los otros". Pero también podemos preguntarnos: ¿El paraíso somos nosotros mismos?

¿Qué haces cuando nadie te ve?

 

Foto de portada: Ana Teresa Barboza. ATLAS DE ANATOMÍAS COMPARADAS


Marcel del Castillo, podcast Pensar la imagen

Caminar, crear y derivar: el arte de lo inesperado

¿Alguna vez has sentido que caminar te ayuda a pensar mejor? No eres el único. Muchos artistas, filósofos y escritores han encontrado en el paseo una fuente de conocimiento y creatividad. Pero no se trata solo de andar sin rumbo, sino de hacerlo con una actitud abierta y curiosa, dispuesta a dejarse afectar por lo que nos rodea y prestarle atención.

Esta forma de caminar se conoce como deriva, un concepto que acuñaron los situacionistas, un grupo de artistas y activistas que en los años 50 y 60 del siglo pasado propusieron una nueva forma de relacionarse con el espacio urbano. La deriva consiste en abandonar los recorridos habituales y seguir las propias emociones e impulsos, o dejarse guiar por el azar, para descubrir aspectos ocultos o insólitos de la ciudad.

La deriva es una práctica artística que busca romper con la lógica funcional y comercial que domina el entorno urbano, y generar nuevas experiencias estéticas y políticas. Al caminar por la ciudad sin un destino fijo, se crea una situación que favorece la imaginación, la crítica y la transformación. La deriva es también una forma de resistir al control social y a la alienación que produce la vida moderna.

En el arte, la deriva a veces se ha convertido en un fetiche, en una excusa para no pensar, para no darle cuerpo y contexto a nuestros proyectos, o se asume como un trabajo urbano exclusivamente. Pero la deriva no es ir por ahí sin pensar. Es buscar el detonante del pensamiento a través de los sentidos en los detalles, las formas, en las grietas de lo visible... Ya no solo se puede aplicar al espacio urbano, sino también a cualquier otro entorno natural o cultural incluso al paisaje de las ideas. Es decir, dentro de nuestro contexto cultural y de conocimiento, buscar otras rutas o relaciones entre las ideas que nos lleven a conceptos inesperados.

¿Te animas a probar la deriva?

Comparte tus experiencias con nosotros y descubre cómo caminar puede potenciar tu pensamiento y tu creatividad.


Captura de la vida mentirosa de los adultos, Podcast pensar la imagen

La vida mentirosa de los adultos: la sensible búsqueda de la indentidad

La serie de Netflix basada en la novela de Elena Ferrante, La vida mentirosa de los adultos, es una obra que nos agita desde adentro, para reflexionar sobre la construcción de la identidad, el papel de la familia y la influencia del entorno en la vida. La protagonista, Giovanna, es una adolescente que descubre que su padre la compara con su tía Vittoria, una mujer despreciada por su familia por su carácter vulgar y rebelde. Giovanna decide conocer a su tía y se adentra en un mundo desconocido para ella, el de los barrios bajos de Nápoles en los 90's, donde la vida se manifiesta de formas insólitas y provocadoras.

La serie tiene una narrativa sutil y extraña, que mezcla el realismo con el simbolismo, la inocencia con la sensualidad, la mentira con la verdad. Uno se siente atraído por la complejidad de los personajes, que no son ni buenos ni malos, sino humanos y contradictorios y una estética cinematográfica que me recuerda a Fellini. La serie también muestra el contraste entre la Nápoles refinada y culta de los barrios altos y la Nápoles popular y vibrante de los barrios bajos, donde el arte se expresa en las calles, en las iglesias, en las fiestas y en los cuerpos.

La vida mentirosa de los adultos es una serie potente que cuestiona las apariencias, las convenciones y las normas sociales. Es una serie que habla de la construcción sensible de la identidad llena de incertidumbre, dudas y dolor,  como una forma de liberación, de resistencia y de transformación.

La serie es un paseo sensible, hermosamente contado, que en mi caso me llevó a repensar como fue esa construcción identitaria en mi, como fue ese transcurrir de aventura en una ciudad como Caracas, también en los años 90.

Los invito a verla y a comentar qué logró moverles de esta hermosa historia.

 


matthieu-comoy-koo, Podcast pensar l a imagen, Marcel del Castillo

La precariedad de ser artista

Hace poco publiqué en este blog una nota que se preguntaba ¿Cuándo renunciar a las convocatorias de arte? , y trataba de dar un panorama amplio sobre cuándo, por qué y para qué seguir participando en convocatorias. Sin embargo, entre lineas, ese texto denota un fantasma que recorre la actividad de quienes nos dedicamos al arte: La precariedad económica de nuestro trabajo, esfuerzo y pensamiento.

Una precariedad que se manifiesta compleja. Pasa por nuestra familia, las instituciones y la valoración general de una actividad, que si bien es reconocida socialmente por sus aportes al humanismo y al colectivo de nuestra civilización, no así, es valorada económicamente.

En lo personal y a lo largo de mi trayectoria ha sido una tensión constante. Recuerdo a mi mamá recordándome siempre que buscara un trabajo fijo, que ser artista no valía la pena y en el entorno familiar la subestimación de mi trabajo. A mis amigos del colegio o la universidad, la mayoría no entiende que es lo que hago o para qué. En el lado institucional es un poco más perverso, porque, en la mayoría de los casos, se usa al artista para cumplir agendas y actividades, cangeando sueños y expectativas, trabajo e investigación, por una migaja de reconocimiento, validación o visibilidad.  Un ironía redonda, pues las instituciones culturales existen como medio entre arte y sociedad, pero el artista, a pesar de ser quien produce e invierte su tiempo y recursos, es tratado como gestor altruista que trabaja a cambio de aplausos y sonrisas.

A partir de ese post sobre convocatorias, me escribió Eduardo Ramirez, un investigador, ensayista y crítico de la ciudad de Monterrey, para compartirme una ponencia que realizó para el Museo universitario de arte contemporáneo de Ciudad de México (MUAC), donde pone en evidencia algunas iniciativas institucionales y privadas que vulneraron a los artistas durante la pandemia. Aquí les comparto el video, pues detonó que escribiera esta breve nota.

Aquí pueden ver la ponencia:

Por el lado de las convocatorias y becas, también juegan un papel perverso. Ofrecen pequeños aportes, con los cuales un artista apenas puede producir la obra, en el mejor de los casos, pero no puede pagar la renta, la comida, o los nuevos materiales. Y  a cambio, debe desarrollar proyectos, investigaciones, escribir declaraciones, diseñar portafolios específicos y exponer su obra. ¿Hay excepciones a esta situación? Sí, las hay. En lo personal he sido seleccionado en varias donde además del dinero de producción de obra, se incluye honorarios para el artista que dedicará su tiempo y conocimiento en el desarrollo de un proyecto.

Sin embargo, esas oportunidades son escasas y la competencia es desmedida. Es así como el ser artista en el contexto latinoamericano pasa a ser una profesión de las más precarias, casualmente, igual que los maestros.

Por supuesto que existe una élite de artistas que juegan en la liga del mercado del arte, pero esa es otra historia que escribiré más adelante.

Ahora ¿Cómo se manifiesta esa precariedad?

  1. Ingresos irregulares: Muchos artistas tienen dificultades para obtener ingresos regulares y estables a través de su trabajo artístico. Esto puede deberse a la falta de demanda, a la competencia en las convocatorias o Becas o a la falta de acceso para comercializar su trabajo.
  2. Falta de seguridad laboral: Los artistas que trabajan en el sector cultural a menudo tienen contratos temporales o trabajan como autónomos, lo que significa que no tienen acceso a los mismos derechos laborales y sociales que los trabajadores asalariados.
  3. Presión financiera: La necesidad de ganarse la vida puede llevar a algunos artistas a comprometer su visión artística o a aceptar trabajos que no les interesan realmente.
  4. Falta de apoyo institucional: Muchos artistas luchan por obtener financiación y apoyo para sus proyectos artísticos, ya sea por parte del gobierno o de organizaciones privadas.
  5. Dificultades para conciliar trabajo y vida personal: Los artistas que combinan su trabajo artístico con otros trabajos pueden tener dificultades para encontrar un equilibrio entre su vida laboral y personal. La mayoría termina renunciando a hacer arte.

Es creciente la desvaloración a todo aporte humanista o que ejercicio del pensamiento crítico y la creación son prescindibles.  Parece que todo debe producir solo capital económico de forma práctica y rápida. A veces se nos olvida que el arte ha sido igual de importante que la ciencia para el desarrollo de nuestra civilización en este planeta.

 

Foto de Matthieu Comoy en Unsplash