¿Te casarías con un holograma? El arte posthumano de Alicia Framis
Desde el posthumanismo se exploran las posibilidades y límites entre las máquinas, la programación y la nueva comunicación entre estos y los humanos. En el arte hay un cambio fundamental, pues las tecnologías y las máquinas no son vistas como herramientas de creación sino como entes creadores, complementarios y versátiles que posibilitan nuevas estéticas, diálogos y cuestionamientos más allá de los humano. Es ahí donde ubico las propuestas de Alicia Framis, artista española que propone incluir a la Inteligencia artificial, no como instrumento de trabajo sino como sujeto activo dentro de su arte.
Pero, ¿dónde se cruzan la funcionalidad tecnológica, los sentimientos y las reflexiones? ¿Es posible amar a una entidad no humana? ¿Qué implica casarse con un holograma? ¿Una máquina puede hacer arte?

Pues, con el apoyo del Museo DeDepot Boijmans, Rabobank collection, Montalvo Arts, California, LAM Museum, Mondrian Fonds, and Fundació Llull per les Arts es una "realidad" esta boda de Alicia Framis con un holograma como parte de un proyecto artístico. En su trabajo de más de 25 años, Framis siempre ha estado tejiendo relaciones entre distintas prácticas como el performance, la instalación y los medios electrónicos para acercarse a temas como la soledad, el aislamiento en un mundo tenso para las relaciones sociales. De ahí que propone ahora dar un paso aún más complejo y extraño dentro del arte y las relaciones interpersonales y anuncia MARRIED TO A HOLOGRAM, THE BEGINNING OF HYBRID COUPLES, en el que concreta un casamiento con una inteligencia artificial llamada AILex.
Como sabemos, hasta ahora, la inteligencia artificial es la suma de muchos saberes que se ejecutan al mismo tiempo para proponer un remasterizaje, una suerte de DJ de lo que ya existe que puede devenir en una fotografía, un texto, etc. Esto quiere decir, que la AI programada por Framis ha tenido como sustento una serie de informaciones para saber como comportarse y como "sentir". Esta información ha venido, según declara la artista, del acercarse durante varios meses a las experiencias de las exparejas de Framis y del contacto con personas que han sido fundamentales para la artista a lo largo de su vida.
El proyecto incluye una ceremonia presencial y legal, con fiesta y cena. Pero lo denso está en el seguimiento de esta ¿Relación? ¿obra de arte? a lo largo del tiempo, pues sus vivencias serán compartidas por varias plataformas digitales.

Framis asegura que "Quiero explorar cómo integrar el holograma en mi vida diaria. Quiero que este hombre sea holandés porque la mayoría de mis novios eran holandeses, pero esta vez es una relación romántica entre una mujer y la inteligencia artificial. Sabemos que pronto los robots y los humanos serán compañeros sexuales, pero para mí, el siguiente paso importante es involucrar emocionalmente a la inteligencia artificial con los humanos. Los hologramas están más estrechamente relacionados con mis sentimientos que los robots, por lo que elijo desarrollar un holograma en lugar de un robot."
Esta obra significa un salto hacia un arte y relaciones posthumanas ¿Qué implicaciones tiene esta obra para el concepto de amor, matrimonio y familia? ¿Qué desafíos plantea para el arte, la cultura y la ética?
Los leo...
¿Matthey versus Kapoor? ¿Es el arte una cuestión de contexto?
Es esencial para lo contemporáneo en el arte generar debates y controversias, sobre todo cuando se trata de intervenciones urbanas que alteran el paisaje cotidiano. Ya lo decíamos en nuestro texto anterior, "nadie sale sin manchas de una intervención urbana" (La roca de Matthey y el espacio público en conflicto) A partir de las críticas que ha levantado esta obra del artista chileno, que van desde: "Eso no es arte", "Corrupción en fondos públicos para el arte", "No es un artista", "Es una burla" y un largo rosario de quejas. En este texto, me propongo problematizar esta crítica contraponiendo la obra “Palabras Mayores” de Enrique y la obra “Cloud Gate” de Annish Kapoor. Las dos obras han llamado la atención por sus dimensiones y sus contrastes. Ambas son esculturas de gran tamaño que se han instalado en espacios públicos de dos ciudades muy diferentes: Santiago de Chile y Chicago. ¿Qué tienen en común y qué las diferencia? ¿Por qué una es aclamada y la otra es criticada? ¿Qué factores influyen en la recepción y la valoración de estas obras?
Las obras de arte
“Cloud Gate” es una escultura de acero inoxidable que tiene la forma de un frijol gigante y que refleja el cielo, los edificios y las personas que la rodean. Fue creada por el artista indo-británico Anish Kapoor y se encuentra en la Plaza AT&T del Parque del Milenio en Chicago, Estados Unidos, desde el año 2006. Es la primera obra pública al aire libre de Kapoor en ese país y se ha convertido en un ícono de la ciudad y en un atractivo turístico. Su costo se estimó en 23 millones de dólares y su peso es de 98 toneladas. Mide 10 metros de alto, 20 de largo y 13 de ancho.
“Palabras Mayores” es una escultura de piedra que tiene la forma de un bloque irregular y que está pintada con motivos de la cultura selk’nam. Fue creada por el artista chileno Enrique Matthey y se instaló en el frontis del Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago de Chile, en noviembre de 2023. Es parte de una intervención artística financiada por el Fondart, que busca generar una reflexión sobre el arte y el entorno. El apoyo económico para esta obra fue de unos 23 mil dólares y su peso es de 12 toneladas. Mide 4 metros de alto, 5 de largo y 3 de ancho.
A simple vista, estas dos obras parecen tener poco en común, salvo su gran tamaño y su ubicación en lugares emblemáticos. Sin embargo, ambas comparten el propósito de intervención del espacio público a partir del volúmen, de alterar el paisaje cotidiano y de invitar al espectador a enfrentarse a algo desconocido. Pero mientras que “Cloud Gate” ha sido elogiada por su belleza, su esplendor y su armonía con el entorno, “Palabras Mayores” ha sido criticada por su fealdad, su falta de sentido y su invasión al espacio público. ¿Por qué esta diferencia de apreciación? ¿Qué factores determinan la aceptación o el rechazo de una obra de arte?

El acucioso contexto
Para responder a estas preguntas, es necesario considerar el contexto en el que se han creado y exhibido estas obras, así como las posibles diferencias que hacen que una sea más criticada que la otra. A continuación, abro una serie de interrogantes sobre las posibles diferencias en cuanto a la crítica:
- El origen de los artistas: “Cloud Gate” fue hecha por un artista del primer mundo, reconocido y validado internacionalmente, mientras que “Palabras Mayores” fue hecha por un artista del tercer mundo, poco conocido y cuestionado localmente. Esto podría influir en la credibilidad y la autoridad que se les otorga a sus propuestas, pues dispara una disposición del público a ser más crítico frente a algo que esta emergiendo, sin mucho reconocimiento, contra algo ya establecido y validado.
- La cultura de las ciudades: “Cloud Gate” está en una ciudad anglosajona, hipercapitalista y cosmopolita, que ciertamente tiene una larga tradición de arte público y una diversidad cultural estimulante. Es visitada por millones de turistas y sus highlights culturales han sido elevados a espectáculo por los mass media y las redes sociales, lo que posiblemente lleve a un acercamiento al arte muy superficial. Mientras que “Palabras Mayores” está en una ciudad del sur, quizá de las más modernas de América Latina, con una fuerte presencia académica, muy alejada del bullicio turístico del mundo y del mainstreams mediático. Los productos visuales en masa del mundo no están enfocados en resaltar su cultura, sino por el contrario que acentúan sus problemas sociales, económicos y políticos. Su población, que sufre de manera directa estas crisis, son más suceptibles a lo superfluo, a cómo se gastan los dineros públicos, y sí, también, a una mirada muy tradicional del arte.
- La estética de las obras: “Cloud Gate” es una obra pulcra, pulida, brillante, que apunta a una visión utópica y futurista de la ciudad, mientras que “Palabras Mayores” es una obra rústica, opaca, oscura, que hace guiños a tradiciones ancestrales y a culturas marginadas. Esto podría generar distintas reacciones en el público, según sus gustos y preferencias, así como sus prejuicios y estereotipos. Además, podría reflejar distintas concepciones del arte, más o menos convencionales, más o menos arriesgadas, más o menos comprometidas.
- La función de las obras: “Cloud Gate” está en una plaza con fines turísticos, que busca atraer y entretener a los visitantes, mientras que “Palabras Mayores” está frente a un museo como parte de una muestra de arte, que busca interpelar y cuestionar a los espectadores. Esto podría implicar distintos niveles de exigencia y de participación por parte del público, así como distintos grados de acercamiento y de disfrute de las obras.
- El contexto histórico: “Cloud Gate” apunta más hacia una reflexión sobre la realidad, amplia y universal, que es una de la líneas fundamentales de toda la obra de kapoor: acercarnos a la realidad desde la distorsión. Y por otro lado "Palabras mayores" Es un entramado denso de cuestionamientos sociales, que buscan, desde una cultura ancestral como los selk’nam, agitar al público.

Dicotomía del arte
Podemos ver en estas obras una de las dicotomías del arte: Intervienes, rompes y provocas o mimetizas, embelesas y conmueves. Sin embargo, relacionar estas dos obras pareciera indicarnos que en el arte, el contexto define, entre muchas otras cosas, la fuerza de la crítica. Cómo dría una gran amiga y exalumna, es un problema de código postal. Los contextos sociales, políticos y económicos determinan la dureza o la blandura de nuestra posición crítica, así como el acercamiento o distanciamiento hacia una obra de arte. También, revelan como lo extraño nos agita y lo extremadamente perfecto y bello nos enceguece, nos encandila.
El punto no es defender la obra de Matthey o la de Kapoor, sino plantear las dificultades que un contexto específico le puede plantear a una obra de arte. Si la obra de Matthey se hubiera colocado frente a la National Gallery de Londres o el Guggenheim de New York, ¿la crítica hubiera sido la misma? ¿O estaríamos haciéndonos selfies con ella?
La roca de Matthey y el espacio público en conflicto
La obra “Palabras Mayores” del artista y profesor chileno Enrique Matthey (1954) ha causado una fuerte polémica en Chile y el mundo del arte latinoamericano. Se trata de una gran escultura que representa una roca, decorada con diseños de los indígenas Selknam, que se colocó en la entrada del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), en Santiago de Chile.
La escultura, de 8 metros de largo, 4,30 metros de ancho y 3,9 metros de alto, no ha pasado desapercibida, ni por el colectivo social ni en el mundo del arte. Por lo pronto ya sufrió el vandalismo de los peatones con varios grafitis, así como acaloradas discusiones en las redes sociales del arte.

De las muchas palabras sobre este dilema artístico llegué a las palabras de un galerista chileno, Marcelo Aravena Peralta del cual extraigo algunas ideas de uno de sus post en facebook sobre el tema:
"¿Qué ve usted aquí? Si usted dice "una wea fea" no está viendo nada, Si usted dice " una cosa bonita" tampoco esta viendo nada. ¿Qué estamos viendo? ¿ Qué puede ser? Aventuremonos, viajemos con el arte.
Puede ser una roca de playa de esas que saltabamos cuando niños en los roquerios costeros de Chile, entonces la obra logra una evocación,un recuerdo. Sigamos.
Como la roca es grande puede ser parte de un mazo o una hacha de un gigante. Volado, pero legítimo. Démosle.
Puede haber pasado una araña enorme con las patas pintadas blancas y quedó así, de hecho puede ser el escondite de la araña más grande del mundo, porqué no?
Ya que estamos acá, puede ser una nave espacial, el sarcófago de un vampiro, la piedra del encendedor del gigante que se esconde en el cerro Santa Lucía. El meteorito que destruyó a los dinosaurios. Un portal con otra dimensión. La piedra que tiró el primer ser humano en la infancia de la tierra y que creció... etc etc.
Cada vez que hacemos el libre ejercicio de imaginar qué dice una obra de arte, no sólo somos espectadores, nos transformamos también en artistas. Cuando se libera nuestra imaginación se produce un fenómeno cerebral en el cual CREAMOS en nuestra mente una interpretación, ese es uno de los regalos del arte. Es tu interpretación, pudiste ver algo que nadie más vio. Habrá otra cosa más liberadora que crear una ilusión? Pero el arte tiene otro regalo. "
Este ejercicio que plantea Marcelo requiere una mirada abierta y suceptible de ser sensibilizada por lo extraño y que esto provoque preguntas y curiosidad. Sin embargo, el arte es también atravesado por la política y la economía, por lo que extraerla de esos contextos es difícil, por no decir imposible.
“Palabras Mayores” fue pintada con grafiti poco después de su instalación por personas que escribieron “Basura” "wea fea" y otros insultos en su superficie. La obra fue criticada por algunos artistas y ciudadanos que la consideraron una ofensa al patrimonio cultural, ya que reemplazó a la obra “Unidos en la gloria y en la muerte” de Rebeca Matte, que se encontraba en el mismo lugar desde 1922. Además, la obra fue cuestionada por su supuesta apropiación cultural de los símbolos selknam, sin contar con el consentimiento ni la participación de sus descendientes, así como de malversación de fondos del arte públicos.
Pero, ¿esta polémica no forma parte del arte también?
Continúa Marcelo Aravena: "hay algo que ya ganó la obra de Matthey que es controversia. Casi siempre el arte la obtiene por innovación, con algo nuevo, en este caso hace años que el artista trabaja en esta investigación de los pueblos patagonicos pero parece que con esta piedra del todo abstracta, sin una forma clara, logró mayor impacto. Personalmente me gustan más sus esculturas de próceres de la independencia rayados con el Imaginario Selk’nam, ahí hay un cruce de mundos muy interesantes, pero esta roca ha descolocado a muchos."
Ciertamente, si nos acercamos a la idea de lo contemporáneo, ¿no es esta la reacción esperada? Una extrañeza que genera cuestionamientos profundos y extensos dentro y fuera del arte. Una provocación a lo existente
En todo caso, esta obra nos revela que el arte público no es un fenómeno neutro ni inocente, sino que implica una serie de decisiones políticas, estéticas y éticas que pueden generar controversia y debate. Por un lado, el arte público puede ser visto como una forma de enriquecer el espacio urbano, de fomentar la creatividad y la diversidad, por otro una provocación que invita a la curiosidad, el diálogo y la reflexión, pero también, el arte público puede ser percibido como una forma de imponer una visión particular, de alterar el orden establecido, y de provocar el rechazo y la agresión.
Creo que no hay manera de salir limpio de una intervención urbana, de una propuesta pública, y tanto el arte como los artistas deben asumir que lo público es un espacio de conflicto permanente. De ahí no se sale sin manchas.
¿Eres irrelevante en el arte?
Qué pregunta tan antipática se me ha aparecido en estos días. ¿Eres irrelevante en el arte? ¿Hay que ser relevante para ser artista? El arte en la actualidad tiene muchas posibilidades, muchas rutas de expresión. Como cualquier actividad humana es suceptible de reconocimiento, de impacto o de simplemente pasar de largo en las historias comunes, y todas esas rutas, a mi modo de ver, son válidas. Pero como bien sabemos el arte tiene doble cara, por un lado es expresión sensible, comunicación, creatividad y pensamiento y por el otro, es una industria, un mercado, una marca. Y en ambos escenarios, no todos los artistas tienen el mismo peso, el mismo reconocimiento, ni el mismo impacto. Aquí te presento algunas formas, muy antipáticas, de entender que no eres relevante en el mundo del arte, ni el mercado, ni en tu vecindario.
No tienes una postura
Vamos, que antes que nada, si no tenemos un estado de consciencia sobre lo que somos, de nuestras ideas, sentimientos , o de nuestras propias dudas, y la manera en que los abordamos y representamos, es decir, si tu obra esta llena de generalidades y clichés visuales y linguísticos, pasará de largo, no solo del mundo del arte, sino de internet, de tu familia y hasta de ti mismo.
El arte exige crear tu propia gramática, una sintaxis, un vocabulario, que partan de una pulsión o un interés particular y genere conversación.
No generas conversación
Como decía, el arte es una conversación, y como tal, tiene que tener un interlocutor, un receptor, un público. Si tu obra no se expone, no se difunde, no se vende, no se comenta, no se critica, no se aprecia, entonces no tienes una audiencia. Para bien o para mal, como artistas nos tenemos que exponer al mundo.
No tienes una influencia
Vaya punto en la era de los influencers. Pero sí, más allá de cuán importante para ti sea la cantidad, el arte es una acción, y como tal, genera un efecto y un impacto. Si tu obra no provoca, no sensibiliza, no emociona, no transforma, no cuestiona, no cambia, entonces lo que has creado no tiene aún la capacidad de llegar profundo en los otros. No importa si es a una o a millones de personas.
No tienes una trayectoria
El arte es constancia, persistencia y resistencia, es, antes que objetos, procesos. Ser artista no es producir ocurrencias. Son largos procesos sensibles o intelectuales, donde se van construyendo discursos, propósitos, estudios, investigaciones y experiencias. Y en el arte, todos esos valores conforman el corpus de artista.
No sientes tu pulso
Sin pulsión no hay arte. Sin ese pulso que se convierte en emoción, en motivación y en expresión, no parece posible un gesto artístico. El arte es deseo, sangre y vida. Es riesgo y requiere de mucho coraje para adentrarse en temas complejos y críticos desde la sensibilidad. Supone una fuerza generadora de sentido y pensamiento.
No tienes dinero*
Sí, en el arte también hay clasismo. Pues, como toda actividad humana requiere de conexiones, de contactos que se van construyendo a lo largo de una trayectoria. Sin embargo, no es lo mismo comenzar con poco dinero que con mucho. Es algo evidente, pero que muchas veces en nuestra romantización del arte creemos que no pasa.
El arte y el mercado del arte requieren de cierta disponibilidad económica. No es sorpresa que la mayoría de quienes encabezan el mercado del arte vienen de situaciones económicas privilegiadas. Y quienes sobresalen en el ecosistema del arte, mínimo vienen de una clase media que les ha permitido estudios técnicos y universitarios que les han llevado a acceder a becas, concursos y financiamientos. Entonces, sí, ese arte que se asume transversal y social, tampoco permea en las clases bajas y rurales. De ahí la percepción elitista en cualquier escenario del arte.
Pero esta última variante del dinero, es opcional. Pues sabemos que expresiones artísticas y artístas trabajan en un mundo de arte que está afuera del mundo del arte influyente y el mercado del arte. Es un arte, quizá más arriesgado, porque exige existir siempre en la periferia, en los bordes. Su talante no es el reconocimiento, aunque lo puede lograr en su contexto, sino la expresión sensible, la construcción de vinculaciones culturales, de pedagogías, de tejidos humanos sensibles y de un conocimiento más amplio y con más matices.
En fin, el arte no es solo una cuestión de importancia y relevancia, sino de significado y su fluidez en un contexto específico, que puede ser una habitación o un estadio de fútbol.
Lo relevante quizá será como acontece el mundo dentro de cada expresión artística, y como esta tiene la fuerza para agitarnos o no.
Napoleón y su última derrota: el cine
Ya en cines, Napoleón asume una nueva batalla: La de las imágenes y la construcción de un héroe en la era del espectáculo. Napoleon es una película de drama histórico dirigida y producida por Ridley Scott, que se estrenó en este 2023. La cinta intenta narrar desde la aparición pública, el ascenso y la caída del líder militar y político francés Napoleón Bonaparte, interpretado por Joaquin Phoenix. La historia se centra en su relación con su primera esposa, Josefina de Beauharnais, encarnada por Vanessa Kirby, y en las batallas que libró contra sus enemigos europeos. En sus casi tres horas, podemos percibir la depurada técnica y experiencia de Scott, que cubre una historia a veces melodramática, a veces "marveliana".
Sin embargo, a pesar de su ambición y su despliegue técnico, Napoleon no logra transmitir la complejidad y profundidad del personaje histórico que retrata. La película peca de querer abarcar demasiado, sin profundizar en ningún aspecto de la vida de Napoleón. El resultado es una narración superficial, confusa y poco emocionante, que se sotiene solo de la espectacularización de la guerra.
El que mucho abarca poco aprieta
La película intenta cubrir toda la trayectoria de Napoleón, desde la caída de Maria Antonieta bajo la cuchilla popular hasta su muerte en el exilio en la isla Santa Elena, pasando por sus campañas militares, sus reformas políticas, sus matrimonios, sus intrigas y sus derrotas. Sin embargo, al hacerlo, deja de lado los matices de su personalidad, sus motivaciones, sus conflictos y sus pensamientos más críticos. Napoleón aparece como un hombre frío, calculador y caprichoso, también como un genio militar, un reformador ilustrado y un amante apasionado. La película no se adentra en cómo se combinan estas facetas, ni cómo se transforman a lo largo de su vida.
La película no contextualiza adecuadamente el marco histórico en el que se desarrolla la acción, y es entendible, el film duraría 24 horas. Pero destaca la superficialidad al abordar la Revolución francesa, el Imperio napoleónico, las guerras napoleónicas y la Restauración, sin detenerse en sus causas, sus consecuencias y sus retos. no tanto como hechos históricos sino como valores narrativos que podrían aportar mucho al ritmo y sensibilidad del personaje. La película tampoco profundiza en las relaciones de Napoleón con los demás personajes, como sus familiares, sus aliados, sus enemigos y sus amantes. Solo pone foco en el melodrama de su esposa, sus infidelidades y su incapacidad para tener hijos. Es decir, se nos presenta como un personaje simple, monotemático y con arrebatos infantiles de poder, más cercano a un héroe de Marvel que al complejo ser humano que tuvo en vilo al mundo en el siglo XIX.
La película parece seguir el dicho de que el que mucho abarca poco aprieta, tanto en el plano cinematográfico como en el histórico. Al querer contar toda la vida de Napoleón, la película no consigue centrarse en ningún momento determinado que tuviera la fuerza de hablarnos de un personaje importante en la historia del poder político y militar. Irónicamente, esta característica de la película, bien puede ser comparada con la gestión final de Bonaparte en Waterloo: el error de querer pelear con todos al mismo tiempo, lo que le llevó a su derrota final.
Una propuesta alternativa
¿Cómo podemos proponer un cine que no abarque tanto, sino que se concentre en parte de la historia y pueda profundizar en ella, para aportar significado y experiencias? Un ejemplo relevante para mi en una biopic es la de Capote en 2005, dirigida por Bennett Miller y protagonizado por Philip Seymour Hoffman, que reconstruye el retrato del excéntrico escritor Truman Capote centrado en la crónica de cómo escribió su más célebre novela “A sangre fría”.
Sin embargo, con Napoleón, vuelve a pasarnos una mala jugada el intento de universalizar, de crear historias demasiado amplias, que quedan vaciadas de sentido y reflexibidad. Si Scott se hubiera detenido en algunas de las campañas de Napoleón, como la de Egipto o la crítica y aguda Waterloo, que supusieron retos políticos y militares importantes, se hubieran podído mostrar las luces y las sombras de un Napoleón líder, estratega, reformador y hombre. Es decir, una potencia sensible de conocimientos, no solo en terminos reflexivos, sino incluso cinematográficos, estuvieramos frente a una oportunidad para pensar la ambición, el poder, el amor, el choque de civilizaciones y el destino que generó una persona de semejante trascendencia.
El anacrónico Salgado
Cada tanto vuelven a aparecer mediáticamente algunos fotógrafos, de esos que forman parte del altar de la historia de la fotografía a declarar sobre las dificultades que se les presentan para entender lo que sucede con la fotografía como tecnología y como medio. Y es natural, siempre pensamos que nuestro tiempo fue mejor. Pero no es solo eso. detrás de esas declaraciones existe una trama de ego y poder que no quiere ser perdido, o un reconocimiento que no quiere perderse en el olvido.
Desde los años veinte del siglo pasado quedo precisado para los fotógrafos, que una buena fotografía o un buen fotógrafo era aquel capaz de llevar la técnica a su máxima expresión, pero especialmente, capturar una realidad o una esencia única y poderosa. Ambos enunciados han sido desmontados por varios autores a lo largo de los últimos años. De hecho, platicamos un poco de esto en el capítulo 13 del #Podcastpensarlaimagen, aquí se los comparto.
Sin embargo, pese a tantos pensamientos y teorías, en este 2023, aparece nuevamente uno de los fotógrafos más dogmáticos del siglo XX, Sebastiao Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944) y nos dice que "Los fotógrafos tienen una "preocupación por mostrar la realidad" y ser "espejo y memoria de la sociedad" (El Universal,2023). Diferenciandolo de esa especie extraña de seres humanos que usan sus cámaras móviles para fotografíar todo lo que sucede a su alrededor.
Salgado intenta desmarcar un tipo de fotografía realizado con equipos profesionales, con un trabajo de investigación e impreso, de aquella fotografía virtual de móviles que se cuenta por millones por segundo. "tomar instantáneas con teléfono móvil "no es fotografía", sino utilizar "un sistema de comunicación por imágenes" (El Universal,2023).
No podemos sino estar de acuerdo en que hay una diferencia. Pero no en el sentido que marca Salgado. A mi modo de ver, pasamos de una disciplina que era elitista, fetichista, que requería de un conocimiento técnico preciso, a una indisciplina, que no se rige por reglas, donde la imagen es un lenguaje común e intercambiable, que no requiere un conocimiento técnico, pues la tecnología lo absorvió y lo ha devuelto masticado y digerido para que cualquier ser humano, incluso sin humanos, con una cámara tome fotos. Es decir, se ha democratizado el hecho de hacer imágenes que representan el mundo. Ya no lo representan un conjunto de fotógrafos autodenominados poseedores de la verdad y la realidad, sino que es representado cada segundo por personas que cuentan su verdad y realidad particular.
Este gesto en la realización de imágenes de nuestro tiempo nos ha ayudado a entender la diversidad multicultural del mundo y no esa suerte de estandarización de las culturas que la fotografía del siglo XX, con su mirada y gestualidad colonial, acuñó como estrategia narcisista y que podemos ver en el trabajo de Salgado. Por ejemplo, en su trabajo "Génesis", da lo mismo ver a un paisaje en América del sur, que en África o en "Éxodo", ver filas de seres humanos en un montaña del cercano oriente que en la India. Sus fotografías aplanan a las comunidades y en muchos casos las espectaculariza, todo en función de "una buena fotografía"
Hay que decir también, que esta fotografía extendida de nuestro tiempo, también va rumbo a una estandarización, pero no por el aparato fotográfico, sino por los dispositivos de distribución como Tik tok o Instagram, que estimulan la estandarización estética y discursiva de todos sus usuarios.
En todo caso, no creo que la fotografía ni del siglo XX y ni la del siglo XXI se diferencien si le prestamos atención solo al aparato o a la técnica, pues salvo algunas automatizaciones, su programación es la misma. El cambio o la ruptura con un modo de representar al mundo con la fotografía sucede en lo profundo, y entre otros valores, está el problematizar el poder de la fotografía y desvincularla de los espacios hegemónicos de poder, que se manifiestan en estéticas, tendencias temáticas e ideológicas, entre otros.
¿Y si cuestionamos al mundo desde la fragilidad?
En el año 2018, tuve la oportunidad de realizar uno de los viajes que más me han removido: visitar el Amazonas peruano. Luego de cruzar el caótico pueblo de Iquitos, navegamos a través de la densidad del río Amazonas hasta llegar al pueblo de Tamshiyacu, donde, luego de una extensa caminata por sus calles y acercamientos a la comunidad, iniciamos una corta travesía por la selva hasta asentarnos en medio de ella en una casa rural de madera, rodeada de inmensos árboles y sonoros arroyos, en los que más adelante nos bañaríamos. Fueron días de intensa desconexión con el mundo real, que provocaron en mi una profunda agitación y un cuestionar mi relación con el mundo y la práctica artística.
Desde allá: el Amazonas

¿Qué impacto tiene confrontarse con la inmensidad de la naturaleza? ¿Qué sensaciones, emociones y pensamientos se despiertan al estar frente a un paisaje tan potente y diverso? ¿Qué aprendizajes y desafíos se derivan de este encuentro? Tardé semanas en recuperarme de aquel viaje que comenzó como una simple visita turística y que terminó por afectar todos mis pensamientos. En su fenomenología de la percepción, Maurice Merleau-Ponty nos alerta con "la verdadera filosofía consiste en aprender a ver de nuevo al mundo"
¿Y si cuestionamos al mundo desde la fragilidad? ¿La fragilidad exógena y endógena al cuerpo?
Hacia afuera del cuerpo pude acercarme a la fragilidad de sus ecosistemas, amenazados por la deforestación, la contaminación, el cambio climático, la minería y agricultura ilegal producto de la avaricia corporativa y del virus de nuestros sistemas socioeconómicos. La fragilidad de sus especies, sometidas a la destrucción de sus hábitats y sus rutinas salvajes. La fragilidad de sus pobladores, que sufren la precariedad, la violencia y la discriminación. La fragilidad de nuestro mundo frente a la cultura de la explotación de los recursos hasta su desaparición.
El filósofo español José Carvajal Sánchez nos comparte unos datos punzantes "El índice Planeta vivo advierte cómo el mundo está experimentando una dramática pérdida de biodiversidad. Las tasas de deforestación anual son de unos 13 millones de hectáreas. El planeta ha perdido también un 40 % de los arrecifes de coral de aguas cálidas desde los años ochenta. La pérdida de biodiversidad tiene efectos negativos sobre los medios de subsistencia, el abastecimiento de agua, la seguridad alimentaria y la resiliencia a los desastres ambientales" (Carvajal Sánchez, José, 2015)
Con estos datos, Carvajal no duda en afirmar que "El descubrimiento ecológico más importante de los últimos tiempos es que el mundo, y más concretamente la naturaleza, es mucho más frágil de lo que se pensaba." (Carvajal Sánchez, José, 2015)
Da la sensación de que el mundo se está marchitando y solo parece percibirse si nos acercamos al centro de uno de sus órganos aún vivos: La selva del Amazonas.
Desde aquí: Mi propio cuerpo

Y, por supuesto, la fragilidad que más nos afecta, que es nuestra propia fragilidad, como seres finitos e irrepetibles, que sólo cuando entendemos lo sutil, efímero y pequeño que resulta para el planeta la presencia de nuestro cuerpo, asumimos esa fragilidad propia de nuestra existencia. Somos vulnerables y tenemos una inmensa capacidad de ser afectados, pues "Los cuerpos humanos son cuerpos porosos, son cuerpos vulnerables, son cuerpos abiertos al exterior"(Joan-Carles Mèlich,2023)
Pero qué significa esa fragilidad, o qué consecuencias puede traer. Si entendemos al mundo como un lugar frágil, la consecuencia lógica es el rompimiento: La posibilidad de quebrarnos frente a las potencias devoradoras del mundo. "El ser humano es un ser finito, y finitud no significa solamente saber que nos vamos a morir, sino que la vida no tiene un manuel de instrucciones"(Joan-Carles Mèlich,2023). Nuestras batallas vienen sin instrucciones: El ser padres, amigos, artístas, parejas, colegas, en fin, el construirnos en este mundo no puede partir sino desde el territorio de la incertidumbre. Así nos empecinemos en la búsqueda imposible de certezas. El dolor, la ausencia y el error, nos esperan.
Tomar consciencia de las fronteras de nuestro cuerpo y de la inestabilidad de nuestras pisadas, nos hace vulnerables, pero también potentes, en el sentido de comprender a nuestra imaginación, no solamente como ese lugar de locura y ensoñación, sino como el único vehículo que tiene la capacidad de traspasar nuestro limitado horizonte, para ver, pensar y vivir varios mundos. ¿Será que ahí acontece la potencia del artista, de entender la imaginación como la única herramienta de explorar el áspero mundo más allá de nosotros, más allá de nuestra fragilidad?
Lo que nos une
Por otro lado, creo que asumir nuestra vulnerabilidad es una ruta para entender que somos seres sociales y no solo individuos, pues nos atraviesa a todos esa, siempre inminente, amenaza del rompimiento y la desaparición. Ahí está el vínculo de lo humano. "No hay un yo sin circunstancia, sin relaciones"(Joan-Carles Mèlich,2023)
Estos acercamientos a la fragilidad, en mi caso particular, detonó cambios en la manera de asumirme frente al mundo y cómo mi práctica artística se relaciona con el mundo y los otros: desde la imaginación y la consciencia del rompimiento.
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Carvajal Sánchez, José (2015) FRAGILIDAD DEL MUNDO, VULNERABILIDAD HUMANA. EL «CUIDADO DEL MUNDO Y EL ARTE DE VIVIR JUNTOS»
Mèlich, Joan-Carles (2023) El Café del Observatorio Social | La fragilidad: ¿Qué es la fragilidad?. https://www.youtube.com/watch?v=-ZiL9i0U34s&t=59s
La sociedad de los poetas muertos. La indisciplina como arte
¿Qué significa ser indisciplinado en las artes? ¿Es acaso la romantización del caos, una rebeldía sin sentido, una forma de escapar de la realidad? O quizás, ¿es una manera de expresar la propia voz o de cuestionar lo establecido?
El filósofo y semiólogo argentino Walter Mignolo, uno de los fundadores del pensamiento decolonial latinoamericano, nos ofrece una posible respuesta. A partir de sus planteamientos podemos entender la indisciplina en las artes como una forma de resistir al colonialismo cultural, es decir, al dominio de una cultura sobre otras, que impone sus valores, sus normas, sus estéticas y sus saberes. Una actitud contrainductiva puede ser una forma de desafiar el conocimiento hegemónico, que se considera el centro y el modelo de la civilización, y de reivindicar la diversidad y la pluralidad de las formas de conocimiento y de expresión. La indisciplina en las artes es una forma de pensar desde el borde, desde la frontera o el margen, ponerle atención a otras cosas, evadir el espectáculo, reconocer nuestro lugar de enunciación y aventurarnos a caminar por los lugares donde se encuentran y se entrecruzan las culturas, las lenguas, las identidades y las historias. La indisciplina en las artes es una forma de practicar la desobediencia epistémica, que consiste en cuestionar las categorías y los conceptos que nos han sido impuestos desde que cruzamos la puerta del maternal, y de buscar otras formas de entender y de interpretar el mundo.
Hay una película que ví a mis 15 años con la que inmediatamente me identifiqué y que me ha perseguido desde entonces. Se trata de La sociedad de los poetas muertos, dirigida por Peter Weir en 1989. En esta película, ambientada en 1959 en una prestigiosa y conservadora academia de Vermont, Estados Unidos, el profesor de literatura John Keating, interpretado por Robin Williams, inspira a sus alumnos a romper con la tradición, el honor, la disciplina y la excelencia que rigen la escuela, y a seguir su propio camino, sus propios sueños, su propia poesía. Keating les enseña a sus alumnos a aprovechar el día (carpe diem), a subirse al escritorio para ver el mundo desde otra perspectiva, a arrancar las páginas de un libro que pretende medir la poesía con una fórmula matemática, a llamarle "Oh, capitán, mi capitán", en alusión a un poema de Walt Whitman dedicado a Abraham Lincoln, a relacionar el deporte con la poesía, y a escribir sus propios versos. Keating también les revela que en su época de estudiante formó parte de la Sociedad de los Poetas Muertos, un grupo secreto que se reunía en una cueva para leer y recitar poesía. Los alumnos, fascinados por la idea, deciden reanudar la sociedad y se escapan por las noches a la cueva, donde leen a autores como Whitman, Thoreau, Frost, Shakespeare, y también crean sus propias obras.
La indisciplina en las artes que practican Keating y sus alumnos tiene sus inevitables consecuencias. Por un lado, los alumnos toman consciencia de lo que son y sus intereses, se atreven a pensar por sí mismos, toman el riesgo de expresar sus emociones y de actuar. Por otro lado, se enfrentan al rechazo, a la incomprensión, a la presión, a la censura, e incluso a la tragedia. La película muestra cómo la indisciplina en las artes puede ser un arma punzante, que puede molestar, que puede abrir o cerrar puertas, que puede generar admiración o repulsión.
¿Cómo podemos entonces poner en práctica la indisciplina en el arte? ¿Tendremos el valor de resistir el rechazo y las impugnaciones hacia nuestras ideas?¿Cómo podemos encontrar el equilibrio entre la creatividad y la responsabilidad, entre la libertad y el respeto, entre la ruptura y la tradición? ¿Cómo podemos ser artistas que cuestionen el orden establecido, que propongan otras formas de ver y de hacer, que dialoguen con otras culturas y otras épocas, que expresen su propia voz y su propia visión sin ignorar la historia? Estas son algunas de las preguntas que nos plantea la película, y que nos invitan a reflexionar sobre las posibilidades de ser artista y espectador.
La indisciplina requiere de coraje, ir a contravía de lo popular o el conocimiento hegemómico, es un pensamiento y una lucha política, que en el arte se expresa mediante otras materialidades, otras formas y otras perspectivas de todo lo que nos rodea y afecta.
El arte de ser sensible
¿Te has sentido alguna vez diferente, incomprendido, fuera de lugar o el freak del grupo o de los encuentros sociales? ¿Te afectan mucho las emociones, las críticas, los ruidos, las luces, los olores? ¿Te conmueves fácilmente con el arte, la naturaleza, la música, la literatura? Pues ya tenemos algo en común, igual que el 15 o 20% de la población del mundo. A esta alta sensibilidad se le ha denominado desde hace unas décadas personas PAS (personas altamente sensibles)
Según la psicóloga Elaine Aron, autora del libro El don de la sensibilidad, las PAS son aquellas personas que tienen un sistema nervioso más fino y receptivo que el promedio, lo que les hace procesar la información de manera más profunda y detallada. Esto implica que perciben y sienten los estímulos físicos y emocionales con mucha más intensidad que los demás.
En lo personal me llevó muchos año entender y procesar esto, tanto en mis relaciones con la familia, mis parejas o hijos y amigos. Que una mirada, una palabra en un mensaje, la intensidad de una luz, fueran para mi bombas, potencias que me agitaban para bien o para mal, fue por mucho tiempo un gran problema, porque no entendía lo que me pasaba, no entendía porque un gesto de un microsegundo en una persona podía aturdirme de tanta información, como después de estar en una reuión pública y hablar con mucha gente, los días posteriores me sentía aturdido como si hubiera estado en una guerra. Pero también, reconocerme PAS ha sido un gran desafío. Por un lado, según la doctora Aron, las PAS tienen una gran capacidad de empatía, intuición, creatividad, imaginación, reflexión y análisis. Son personas curiosas, observadoras, conscientes y profundas. Por otro lado, las PAS pueden sufrir de estrés, ansiedad, depresión, baja autoestima, aislamiento y sobreestimulación. Son personas vulnerables, perfeccionistas, exigentes y críticas.
Bajo estás características, entonces, ser una PAS también implica tener una especial sensibilidad hacia el arte y la belleza, pues aprecian y disfrutan de manera más viva de estas experiencias, que les aportan placer, sensibilidad y significado, debido a su capacidad para conectar con su mundo interno, rico y complejo, y de transformarlo en obras de arte que expresan su visión particular.
Ser artista en nuestro tiempo no es fácil. Como lo hemos mencionado muchas veces, vivimos en una sociedad que valora más lo material que lo espiritual, que premia más la rapidez que la profundidad, que exige más la comprobado y validado que lo extraño o propositivo. Y ser artista implica ir a contracorriente, enfrentarse a la incomprensión y al rechazo, luchar por defender los propios valores e ideas.
Ser artista implica entonces, ser fiel a uno mismo, aportar algo potente y valioso al mundo, movilizar y emocionar a los demás, encontrar un sentido y una satisfacción en la propia vida. Ser artista es una forma de ser y de estar en el mundo, una forma de sentir y de expresar lo que se siente y piensa.
Si relacionamos a las PAS con las cualidades del arte, entonces las PAS tienen el potencial de ser grandes artistas, pero también tienen el riesgo de perderse en su propia sensibilidad.
Desde la psicología recomiendan a las PAS una serie de herramientas para reconocerse y aprender a como enfrentarse al mundo desde sus sensibles cualidades. Yo las recogo acá, porque me parecen necesarias, también, para quienes desde el arte nos exponemos al mundo desde nuestra vulnerabilidad.
Algunas claves son:
- Reconocer y aceptar la propia sensibilidad como un don, como una fuente de creatividad.
- Buscar el equilibrio entre el mundo externo y el mundo interno, entre la acción y la reflexión.
- Encontrar espacios y momentos de calma, silencio y soledad para recargar las energías.
- Establecer límites saludables con los demás para evitar el desgaste emocional.
- Cultivar relaciones personales nutritivas, que nos aporten desde lo humano y sensible.
- Explorar diferentes formas de expresión artística
- Disfrutar del proceso creativo sin obsesionarse con el resultado o la opinión ajena.
Los artistas somos personas altamente sensibles por naturaleza. Nuestra sensibilidad nos permite ver más allá de lo evidente, sentir más allá de lo superficial, crear más allá de lo convencional, pero también nos hace más vulnerables frente a un mundo cada vez más áspero.
La autoexplotación del artista en el corporativismo cultural
La práctica artística
Hace algunos años escribiendo el texto del proyecto Mérida, Atrapada en el tiempo que se concentraba en la comunidad andino merideña en Venezuela para revelar un manejo del tiempo que me parecía particular, diferente al de otras ciudades, la curadora Lorena González me entrevistaba para desarrollar su texto y nos detuvimos en el término CARRERA . Nos preguntamos casi al unísono, ¿Porqué se le llama carrera al desarrollo de una profesión, de un artista, de los estudios.? ¿Cuándo se definió que hacer algo era una Carrera? Una carrera contra quién, contra semejantes, contra el tiempo, contra uno mismo. ¿De verdad deberíamos correr en la prácticas de nuestras artes?
"Ofertas infinitas de algo ajeno y difuso que hay que perseguir, lograr, encontrar, para trazar finalmente el desarrollo angustiante de una CARRERA desenfrenada, que todos de alguna manera emprendemos, en un tiempo tan voraz como ficticio" [1] Así lo dibujó Lorena en palabras que presentaron la exposición de aquel trabajo. Así quedaba evidencia de una preocupación que aún no conseguía respuestas.
Ha sido desafortunada la búsqueda a lo largo de los años de alguna bibliografía que me relacionara el término carrera con la práctica profesional, más allá de la definiciones positivistas de la enciclopedia y el diccionario: "Conjunto de estudios, generalmente universitarios, que habilitan para el ejercicio de una profesión. Profesión o actividad que exige una formación académica previa y, generalmente, la superación de un concurso público para acceder a aquella. Curso profesional de relieve. Ejercicio de una profesión o actividad " [2] según la RAE. O definiciones coloquiales como que la carrera que elegimos está llena de obstáculos por superar, etc. Cosa que no me llevaba a nada, porque bien podemos tomar la concepción Homérica de nuestra vida o práctica profesional como un viaje lleno de obstáculos, que lo es, pero ¿por qué hacerlo corriendo, ¿por qué debe ser una carrera?
10 años después de aquella tarde caraqueña elucubrando junto a Lorena llega a mi, Byung Chul Han, filósofo Surcoreano radicado en Alemania y su texto La sociedad del cansancio: "La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento." [3] Cuestiona Byung así a la teoría de Foucault . Y sus habitantes son «sujetos de rendimiento». "emprendedores de si mismos" [4]
El desatado emprededurismo no es más que una carrera entonces. Una carrera de rendimiento. Un maratón de largo aliento, del que no podemos salir, en el que llegaremos al agotamiento extremo y nos sentiremos culpables de no mantener el ritmo de carrera hasta el final de nuestros días. Y en el que los logros no son sostenibles en el tiempo en una “sociedad líquida” [5]. En el mundo contemporáneo nos hemos convertidos los artistas en emprendedores de nosotros mismos, creando, gestionando, promoviendo y produciendo nuestras propias obras, y lo hemos asumido como gesto de libertad. Creemos y queremos poder con todas las facetas de la producción del arte, pero ¿por una necesidad creativa de control?, ¿por una manera de influir y transformar los medios de producción como planteaba Walter Benjamin en “el autor como productor”? o ¿por una necesidad de rendimiento para alcanzar ciertas metas que nos permitan introducirnos en sistemas culturales que cada vez nos piden más y más?. "La sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) sin límites. Su plural afirmativo y colectivo «Yes, we can» expresa precisamente su carácter de positividad." [6] Nos enfrentamos a un positivismo autoimpuesto que choca con un "No todo es posible" [7] y que produce una sociedad de depresivos y fracasados como afirma Byung.
Es en ese momento cuando iniciamos nuestra carrera de artistas que nos llenamos de positividad. Es en ese momento que decidimos hacer, hacer, hacer, superar nuestro propio rendimiento que nos agota, porque lo asumimos como una competencia, no sólo con otros, sino con nosotros mismos. Es en esa carrera cuando nos enfrentamos a obstáculos imposibles donde nos consideramos fracasados en medio de una depresión. Es la carrera, el título profesional, el reconocimiento, el premio del concurso que se otorga en una sociedad absorta en el rendimiento personal. "El sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo" [8] Debemos crear, exponer, producir y editar libros como si de las multi-temporadas de la industria de la moda se tratara.[9] Pero ¿quién nos impone ese ritmo? ¿Quién nos obliga a ello? ¿Quién nos dice que debemos tomar y tomar fotos, crear y crear obras, desarrollar más proyectos para llegar más lejos en el ranking institucional? ¿Nos abandonamos a la "libertad obligada de maximizar el rendimiento"[10] para sentirnos felices, satisfechos y creernos que somos libres?, Cuando hemos sido atrapados por un sistema de producción que nos ha llevado a la auto explotación. Hemos caído en la hiperactividad igualitaria que genera una masificación de estéticas y formas de hacer arte. Todos terminamos haciendo y creando lo mismo, poco profundo pero extenso en cantidad. Un “aesthlete” [11] que concentra la importancia de su trabajo no en lo que expresa, sino a la velocidad que lo expresa.
"El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en auto explotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta auto referencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica." [12]
Como artistas hemos caído en la trampa, llenamos nuestros time lines de Facebook y Twitter de logros y de actividades que hacemos para representar ¿qué? ¿Qué todo lo podemos? ¿Qué vamos ganando la carrera? ¿Qué somos felices con nuestro rendimiento? Nos han convencido que debemos rellenar nuestra hoja de vida de cientos de logros para alcanzar ¿qué? ¿Qué nuestra auto explotación sea fuente de ingresos crecientes, y sin ningún tipo de obligación, para los que ostentan el poder económico, político y cultural? ¿Qué hace relevante la obra de un artista? Aquel que tocó un gran tema a profundidad a lo largo de cierto tiempo y produjo un libro y un par de exposiciones, o aquel que hace dos libros y diez exposiciones por año sobre el mismo tema una y otra vez. ¿Cuándo hacemos nuestras biografías resaltamos nuestras preocupaciones e investigaciones sobre los temas que nos interesan o hacemos un listado cuantificable de exposiciones y actividades? En definitiva qué resaltamos, qué valoramos de este maratón artístico. Las fibras sensibles e investigaciones que pudimos trastocar en un tiempo y espacio determinado o la cantidad de logros que un sistema cultural corporativizado valora y exige por encima de otras cosas.
Es esta carrera, fomentada desde la corporaciones culturales y sus distintas maneras de hacernos creer que está en nosotros, en nuestro rendimiento, en el hacer productivo, la oportunidad de pertenecer a una institución cultural pública o privada corporativizada, que ya tiene sus categorizaciones, intereses y jerarquías definidas para mantener un control sobre lo que es y nos es arte. Como bien afirma David Spurr “el proceso a través del cual una cultura subordina a otra empieza con el acto de dar nombres” [13]. Digamos, categorizar, fragmentar disciplinas. Pero cuyas intenciones han logrado camuflar muy bien haciéndose ver como iguales ante los artistas o haciendo creer a los artistas que son iguales a ellos, permitiendo un ideal de igualdad entre artista e institución que es ficticio y que anula la crítica. Es decir, en términos de la filosofía de Byung el sistema cultural ha dejado de ser una otredad, extraña, frente a la cual el artista creaba un sistema de defensa inmunológico que lo rechazaba, lo combatía o expulsaba, y que se reflejaba en la búsqueda de espacios alternos y en la crítica y el objeto de ésta, como lo plantea José Luis Brea cuyo “trabajo es generar roces, fricciones, el encuentro intempestivo de lo extraño con lo extraño” [14] , para ser ahora un elemento empático, idéntico, donde “no tiene sentido fortalecer las defensas del organismo” [15] y lo asimila positivamente. Se asume parte de él.
En fin, nuestro rendimiento artístico no es más que una ilusión de libertad que está subordinada a los conceptos pre establecidos y estandarizados de la producción en línea del sistema cultural. Nos hemos convertido en “Rutineros”, en “abastecedores” [16] en el sentido Benjaminiano de penetrar, convivir con un sistema pero renunciando a introducir innovaciones y transformaciones para evitar las fricciones que se generan entre un sistema dominante y quienes producen arte.
Notas
[1] Texto curatorial del proyecto Mérida Atrapada en el tiempo de Marcel del Castillo, 2008.
[2] Página web de la real Academia Española http://dle.rae.es/?id=7gRETug
[3] [4] [6] [7] [8] [10] [12] [15] Pensamientos fundacionales de la filosofía de Byung Chul Han que desmonta las teorías de Michael Foucault, en el ensayo Más allá de la sociedad disciplinaria en el libro La sociedad del Cansancio ( Herder Editorial,Barcelona 2012)
[5] El término y concepto de sociedad Líquida es establecido por Zygmunt Baumann en varios de sus libros en particular Modernidad líquida.( Fondo de Cultura Económica.Argentina 1999) Y se refiere al cambio de realidades sólidas, palpables, duraderas de los tiempos pasados, a realidades que no logran establecerse, que se desvanecen por un continuo afán de cambio, de novedad de la sociedad actual.
[9] El concepto de Multi temporadas o “poli designed-pluri sourcer-multi shipper” se refiere al cambio significativo que introdujo en la industria de la moda la compañía Inditex (Zara) en la que transformó los ciclos de producción y comercialización de la industria con Colecciones por Temporadas-Estaciones del año, a Colecciones por Temporadas-cada semana, o cada mes.
[11] “aesthlete”, cuya traducción pudiera se Atleta-estético, es un concepto establecido por Brad Troemel en su ensayo Athletics Aesthetics publicado en Mayo de 2013 en The new inquirí (https://thenewinquiry.com/athletic-aesthetics/ ) Donde establece una nueva especie de artistas hiperproductivos producto del flujo de información y visibilidad de las redes sociales.
[13] David Spurr escritor Británico. La frase reseñada está contenida en el libro “La retórica del imperio” (Duke University Press, Londres, 1993)
[14] Texto de José Luís Brea en Ram Critique, La crítica en la era del capitalismo cultural, ensayo del Libro Cultura RAM ( Editorial GEDISA, Barcelona 2007)
[16] Términos usado por Walter Benjamin en su discurso “El autor como productor” (Paris 1934) para referirse a aquellos escritores o artistas que abordaban el proceso técnico de producción de sus obras pero que renunciaba a introducir innovaciones al aparato de producción, dirigidas a volverlos ajenos a la clase dominante.
Foto de Miltiadis Fragkidis en Unsplash
Publicado originalmente el 15 de setiembre de 2017 en la plataforma EspacioGAF









